CASO: LA BOTELLA ROTA

Carlos fue sorprendido por haber tirado una botella vacía de cerveza en el recreo de la escuela el fin de semana.

Al principio Carlos trató de negar lo que había hecho pero cuando le pareció que había un testigo que lo había visto, con desgana contestó:

— Bueno, quizás podría haber sido yo, no recuerdo, dijo Carlos
— Bueno, ¿lo hiciste o no?, continuó el profesor.
— De acuerdo, supongo que la botella rota podría ser la que yo tiré, admitió Carlos de mal humor.
— Está bien que lo admitas. Será para tu propio bien. Serás apreciado por responsabilizarte de lo que hiciste, comentó el profesor a Carlos.
— ¿Qué significa eso? ¿Quedarme castigado en la escuela es lo bueno que me va a pasar?, observó Carlos con un agrio aspecto en su cara.
— Puede que no sea necesario quedarte castigado por asumir la responsabilidad de lo que hiciste, sugirió el profesor.
— ¿Qué se supone que significa responsabilizarme? ¿Crees que debería contarlo? Pero si ya lo hice ¿no?, protestó Carlos.
— No exactamente, pero es un buen comienzo. También deberás estar dispuesto a explicar por qué lo que hiciste es un error y después disculparte por ello, explicó el profesor apaciblemente.


ADMITIR

— Sé perfectamente bien que es un error, murmuró Carlos, y puedo explicarlo otra vez.
— Bien, eso está “chupado” para ti. Puedes hablar sobre ello más tarde, pero ahora dame una razón del porqué estabas en un error, animó el profesor.
— Por que alguien podría cortarse los pies con los cristales, dijo Carlos después de pensarlo.
— Correcto, o sus manos, si alguien cae encima de los cristales. Si quieres hacer esto más real podrías escribir una lista de esas posibilidades y así demostrar que realmente comprendes por qué los cristales rotos en el patio de la escuela son un peligro. Después podemos pensar a quienes se deberían dirigir tus disculpas, respondió el profesor.


COMPRENDER

— ¿Quiere decir que debería disculparme a la Directora?, contestó dubitativo Carlos.
— No estoy seguro de que sea ella la persona adecuada puesto que no es la persona que corre por el patio. ¿Quizás deberías dirigir tus disculpas a tus compañeros?, sugirió el profesor.
— ¿A cada uno? ¿Estás loco?, exclamó exasperadamente Carlos
— Bueno, hay que estar un poco loco para trabajar en esta profesión ¿sabes?, respondió gentilmente el profesor, pero hablando en serio, podríamos considerar la posibilidad de poner una nota en el tablón de anuncios, a no ser que prefieras disculparte por el sistema de megafonía.
— ¡Qué pasada! ¿Disculparme por megafonía? ¡no!. Yo escribiría algo en el tablón de anuncios y además podría dibujar una botella rota y debajo escribir la frase: “LO SIENTO”, ofreció Carlos.


DISCULPARSE

— Me suena tremendamente bien. Pero no creo que disculparse sea suficiente. También necesitar reparar de alguna manera.
— Puedo limpiar los cristales. ¿Sería eso suficiente?, contestó Tim—my esperanzado.
— No es una mala idea del todo. De hecho eso es algo que podrías hacer después de hablar, pero no creo que sea suficiente. También deberías hablar con el señor de mantenimiento a cerca de cómo podrías ayudarle en el cuidado del patio del colegio. Podrías ayudarle una semana o así. Si quieres puedo ir contigo a hablar con él.
— ¿Y eso es todo?


REPARAR

— Creo que también tienes que prometer no hacer nada parecido otra vez.
— Lo prometo.
— Muy bien, lo aprecio, pero ¿cómo podemos estar seguros de que cum—plirás tu promesa? Creo que has prometido cosas y después no cumpliste tu palabra.
— Pero esta vez cumpliré mi promesa.
— Si quieres ser verdaderamente convincente creo que deberías hacer un trato sobre qué sucedería si rompieses la promesa e hicieras algo parecido.
— Haré un trato. No te preocupes.
— ¿Qué podemos acordar? ¿Qué sucederá si haces algo parecido o creas situaciones de peligro para tus compañeros?
— Me quedaré castigado en el colegio.
— Eso no me parece bien. Has estado tantas veces castigado que no creo que tenga ningún efecto. Tratemos de encontrar algo más apropiado. ¿Por qué no le preguntas a ellos qué es lo que piensan? (Carlos fue a preguntarles y regresó)
— La mayoría tiene sugerencias estúpidas, pero uno de ellos dijo algo interesante. Yo podría venir al colegio más temprano para ayudar al señor de mantenimiento a limpiar la nieve del camino. Podría valer eso.
— Eso está bien, pero es algo que deberías acordar con tus padres tam—bién, ya que tendrían que saber que debes levantarte más temprano para venir a ayudar a limpiar la nieve. Hablemos con el señor de mantenimiento y con tus padres y escribamos el acuerdo en un papel con la firma de todos para hacer más oficial el contrato.
— Está bien, pero no tendré que mostrarme ante los demás limpiando la nieve ¡nunca!. No me dedico a eso. Lo hace el tipo de mantenimiento. Le pagan por ello.
— De acuerdo, pero hay una cosa más que debemos discutir.
— ¿Qué? ¿No es suficiente? ¿Qué más tengo que hacer?


PROMETER

— Es suficiente, pero si quieres reparar tu reputación, te sugiero que podrías hacer algo que enviara un mensaje a los demás chicos que tiran botellas o cosas parecidas y que están fuera de las normas del colegio.
— ¿Qué puedo hacer? No puedo permanecer de guarda en el patio del colegio día y noche y disparar a los que rompan algo o escriban grafitis en las paredes, ¿no?
— Algo como eso, pero por razones de seguridad sólo podrías usar pistola de agua.
— Tengo una de aire comprimido.
— Yo también usaba una cuando era joven. Pero, no estamos hablando de armas. Estamos tratando sobre qué podrías hacer tú para tratar de prevenir que otros hagan ese tipo de cosas.
— Puedo avisarte a ti o a algún otro profesor si pillo a alguien en—suciando o rompiendo algo.
— Es una buena sugerencia, sin embargo pienso que es mejor hablar de esto a toda la clase y que comencemos algún proyecto para mejorar el espíritu de clase. Tu podrías estar de manera voluntaria en el comité o algo así, ¿qué te parece?
— ¡Sería estupendo!, exclamó Carlos.


CUIDAR DE OTROS TAMBIÉN

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