Cuando el alumno admite su acción, se disculpará.
Antes de eso debería, sin embargo, demostrar que entiende
por qué lo que hizo estaba mal y que comprende cuáles
eran las consecuencias negativas de sus acciones. Si esto no sucede,
cualquier disculpa será superficial.
Una disculpa sin remordimiento o comprensión del porqué estaba
mal lo hecho, es una disculpa que realmente no cuenta. A menudo
los adultos tratamos de hacer com-prender a los jóvenes
lo erróneo de lo que hicieron señalando los peligros
y consecuen-cias negativas causados por su acción. Esto,
la mayoría de las ocasiones, es inútil, los chicos
lo viven como un sermón al que no hacer caso. Una alternativa
mejor es permitir al alumno que piense sobre ello y que llegue
a una respuesta a la pregunta relacionada con los peligros y
daños que habrían provocado sus acciones.
Si el alumno encuentra difícil encontrar una respuesta,
el profesor debe resistir la tentación de suministrarlas.
(¿No entiendes los peligros de lo que hiciste? ¿Alguien
podría haber muerto?) Es mejor permitir al alumno encontrar
respuestas. Puede, por ejemplo, hablar con sus amigos, padres
o con aquellos que estuvieron en peligro o su-frieron por sus
acciones.
Se puede sugerir al alumno que escriba sus respuestas en un
papel, esto hará más fácil su revisión
y discusión. Se pueden añadir otros peligros y
consecuencias más tarde a la lista. En el próximo
paso tendremos la lista a mano para pensar en la forma de dis-culparse
por su acción.